Graffiti del artista calljero italiano conocido como "Blu·

martes, 8 de enero de 2013

Ex Au3. Parte III: Ilegalidad vs. Legalidad. Tener o no tener derechos.

Las relación legal/ilegal es una marca a fuego en toda la historia de la traza. Desde la ocupación de casas hasta la lucha por obtener el reconocimiento del Estado, lo legal se ha convertido en la clave para el reconocimiento de derechos pero también es un modo de identificación que confiere sentidos de pertenencia.

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Me tomé el trabajo de buscar y repasar las versiones taquigráficas de distintas audiencias llevadas adelantes en la Legislatura en diferentes períodos. Pude acceder a versiones de gestiones anteriores y a otras sesiones efectuadas durante el gobierno actual. Algunas me fueron facilitadas por los viejos delegados zonales y otras pude buscarlas en publicaciones de boletines oficiales del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Estas sesiones especiales en las que se discutía el problema de la traza eran espacios de discusión a los que vecinos previamente anotados podían asistir. Allí se discutía aspectos centrales como la sanción de la Ley 324 como también posibles modificaciones posteriores tales como el monto de los créditos o las cuotas de las viviendas sociales, por ejemplo. Pero algunas reuniones eran organizadas a pedido de los vecinos frentistas preocupados por el uso del espacio público.
Anteriormente señalé que no hay una demarcación física que estructure un adentro o un afuera. Sin embargo ser o no de la traza implica posicionamientos políticos y representaciones sociales muy fuertes. Lo ilegal y lo legal se expresan en este sentido. Ser un ocupante no es haber adquirido legalmente una vivienda. En una de las audiencias públicas que tuvo lugar luego de la sanción de la Ley 324 un vecino frentista manifestó su preocupación por el valor de su propiedad:
“no puede ser que desde el año ’80 nuestras propiedades están cada vez más devaluadas, si yo hoy quiero vender mi casa, tengo que venderla por lo menos al 50% de lo que vale en realidad. Queremos recuperar nuestro barrio subastando los terrenos expropiados y utilizando los fondos para mejorar el barrio y solucionar el problema habitacional de los ocupantes de la traza de la AU3, sin olvidar nuestros derechos como vecinos[1]

La expresión de este vecino manifiesta por un lado una preocupación muy presente entre los propietarios y es lo que consideran un devalúo del precio de sus propiedades debido a la presencia de la Traza. Por otro lado una división entre “ocupantes” a quienes hay que solucionarle el problema habitacional y los “vecinos” con derechos que no deben ser olvidados. Lo legal y lo ilegal se hace presente en la concesión de derechos al mismo tiempo que es una forma de legitimarse, por parte de los vecinos de la traza y ser reconocidos como tales para lograr ser encuadrados como sujetos con derechos. Pero también la figura de la legalidad representa tensiones al interior de los grupos. En una asamblea actual de vecinos que todavía pugnan por lograr una solución definitiva, un vecino dijo:
“yo creo que nosotros tenemos que dejar de llamarnos ‘ocupantes’. Nosotros somos inquilinos del Estado. Eso nos reconocería más legalidad y nos da más armas para pelear. Yo por mi parte no me identifico como ocupante, yo digo que le alquilo la casa al Gobierno de la Ciudad, soy un inquilino”

En ese momento tomó la palabra rápidamente Susana, una integrante de la mesa de delegados del Sector 5:
“¿¡Pará José, de qué estás hablando!?. No somos inquilinos ni yo, ni vos ni nadie. Somos ocupantes. Si acá ninguno paga ABL, ni el agua. Además tampoco le pagás un alquiler a nadie, ¿o vos tenés un contrato acaso?. Nosotros hace rato que la venimos peleando como ocupantes porque todos nos metimos más temprano o más tarde y hemos logrado reconocimiento de derechos como ocupantes porque todos tenemos derecho a la vivienda, no somos menos por eso”
Mientras se daba esa discusión, recordé las palabras de Graciela cuando me dijo: “yo siempre pagué el alquiler, no me metí de prepo, yo tengo más derechos”.
La noción del pago produce efectos simbólicos que se traducen en los propios sentidos de pertenencia de las personas y, por consiguiente de la adjudicación de derechos. La categoría de ilegal tiene cargas negativas para algunas personas de la traza lo que se observa tanto en las caracterizaciones que prevalecen sobre vendedores de drogas como en las representaciones sobre la propiedad. El concepto de propiedad asociado a  los derechos repercute de diferentes maneras en las percepciones de un grupo. Sin embargo a los ojos de muchos frentistas la conformación del grupo significa lo mismo: personas que viven al margen de la Ley y cuyos derechos se asocian con la posibilidad o no de hacer uso de la espacialidad urbana: “La verdad, no los entiendo. Con esto no digo que no quiero que no tengan su casa. ¡Pero están hablando de Capital Federal!”.[2]
Las oposiciones entre lo legal e ilegal suponen la puesta en marcha de sentidos de pertenencia. Ser o no “un ciudadano con todas letras porque pago mis impuestos”[3]. Oposiciones que también se manifiestan al interior del propio grupo y las formas de reconocerse: “yo soy inquilino”vs. “yo soy ocupante y tengo derechos”. De la misma manera se expresan en el derecho a la Ciudad: tener su casa pero no en la Capital Federal


[1] Versión taquigráfica del día 30 de marzo de 1999.
[2] Vecina frentista. Versión taquigráfica 30/03/1999
[3] Expresiones de Juan, vecino frentista que me manifestó su posición en una entrevista personal.

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